Desde el principio, al advertir el predominio de las coníferas, se decidió excluir a los pinos. En la búsqueda de soluciones para amortiguar el sol se planteó conseguir una barrera en la rosaleda. Se pensó en árboles de gran
desarrollo, pero todos fracasaron. Sólo después de siete u ocho intentos, se decidió intentarlo con pinos. Y se plantaron nueve. Aquí se ven los dos más cercanos a la casa, hace aproximadamente 4 años. Hoy han arraigado ocho de
los nueve y se ve que podrán cumplir la misión para la cual fueron allí puestos. Hay, además, una docena de ejemplares diseminados por toda la finca. Todos son pino carrasco.
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